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Todos los lugares tienen una historia, una cultura y unos valores
naturales: los turistas deberíamos informarnos sobre estos temas, de manera que nuestra
conducta y nuestra actitud no les provoque ningún perjuicio.
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Si, como turistas,
escogemos los establecimientos turísticos que hayan adoptado medidas para reducir el
impacto paisajístico y ambiental (arquitectura tradicional, ahorro de agua y de energía,
transporte colectivo de los huéspedes, etc), contribuiremos a dar soporte a estas
iniciativas.
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Los recorridos a pie, en bicicleta, el
turismo ecuestre, son alternativas respetuosas hacia el medio natural y
cultural de las áreas turísticas, más que otros como el motocross, four-trax (erosión del
suelo, contaminación atmosférica y acústica).
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La obtención de agua y
energía es cara y provoca impactos serios en el medio natural. Es preciso fomentar su
ahorro entre los turistas.
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Para generar menos basura, es preciso que sean rechazados los productos
con envoltorios innecesarios o sugerir a la dirección de los establecimientos
hoteleros que utilicen envases reciclables.
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Consumir
productos naturales de la zona permite disfrutar de la auténtica gastronomía local y
contribuir a la economía familiar y a la supervivencia de unos usos del suelo compatibles
con la conservación de la naturaleza.
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Las
áreas naturales protegidos se han creado para preservar lugares y especies de gran valor
ecológico. Todos ellos cuentan con centros de acogida e interpretación que proporcionan
las orientaciones necesarias para valorar su importancia y para disfrutar más de la
visita.
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En
las zonas rurales es más fácil olvidarse del coche y podemos optar por conocer el
entorno a pie, en bicicleta o con transporte público. Pero, hemos de extremar las
precauciones con el fin de evitar incendios forestales, molestar a la fauna, y el abandono
de nuestras basuras. No fomentemos, tampoco, la urbanización en suelo rústico. El
turismo rural permite la estabilización de las poblaciones rurales, la recuperación de
productos artesanales y agrarios, el mantenimiento de valores históricos y artísticos, y
la conservación de la naturaleza.
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Cuando
compremos productos, escojamos los de artesanía local. No hemos de comprar plantas ni
animales, ni vivos, ni muertos; si lo hacemos, contribuimos a su extinción.
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Las
vacaciones son la mejor oportunidad para vivir estrechamente con nuestros hijos y, a
través de nuestro ejemplo, educarlos en el respeto hacia la naturaleza y hacia las
personas y los pueblos.
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